EL TRABAJO.
ü
La historia del trabajo.
El
Mundo Antiguo (Mesopotamia, Egipto, India, Grecia, Roma) se tenía una visión
del trabajo muy diferente a la que tenemos ahora, en ese punto de la historia
el trabajo era considerado como algo despreciado por lo que solo lo realizaban
los esclavos, el trabajo solo valía en la medida que servía para conseguir un
objetivo determinado; esta forma teórica provenía principalmente de los
griegos: Hesíodo, Platón y sobre todo Aristóteles; luego con el cristianismo
esta situación cambió ya que Jesucristo se había dedicado a realizar los
trabajos que los grandes de ese mundo despreciaban y en medida que el
cristianismo se fue imponiendo comenzó a surgir una idea diferente del trabajo
lo vieron desde el punto en que él que no trabajara no debería de comer pero no
se logró valorar el trabajo de modo
pleno, la principal limitación consistió en no percatarse ”del valor del
trabajo como obra”, es decir en no advertir el valor del trabajo por sí mismo,
sino solamente como medio para lograr otros objetivos; el Medievo por lo tanto
mantuvo la tripartición aristotélica de la acción humana y aquí se encuentra su
principal limitación en relación al trabajo, ya que en esta tripartición medieval
el primer puesto lo sigue detentando la contemplación aunque ahora, a
diferencia de la griega, ya no es meramente intelectual sino amorosa; es una
contemplación religiosa de Dios que está al alcance de cualquier cristiano,
después sigue el obrar mora y finalmente la actividad manual o técnica.
También
en la etapa del Medievo Tomás responde de forma positiva y da cuatro razones
sobre el valor que tiene la actividad manual, las razones que él dio, dijo que
esto sirve para:
Ø Eliminar
los vicios.
Ø Evitar
el ocio.
Ø Dar
limosna.
El
planteamiento que se tenía en el Medievo cambia con la llegada de la Modernidad
donde el hombre es cada vez más consciente de su poder, de su fuerza y de su
creatividad y está decidido a explorar esas capacidades y llevarlas hasta sus
últimas consecuencias, ya que el hombre mediante su trabajo comienza a ser
capaz de transformar la realidad, el trabajo comienza a ser algo importante y
valioso, un elemento básico en la estructura social y así el trabajo se
convierte en una actividad personal en la que cada persona con sus habilidades
y destrezas realiza algo para su desarrollo y el de la sociedad.
ü El trabajo como acción.
El trabajo aparece como
un tipo específico de acción que no puede catalogarse según la tripartición
clásica porque quedaría automáticamente incluido en la categoría del hacer y
reducido, por tanto, a una mera actividad transitiva e instrumental; pero como
la historia del trabajo nos ha mostrado este planteamiento es insuficiente y
erróneo. El trabajo afecta a toda la persona, no solo a alguna de sus
facultades o dimensiones. En el trabajo, el hombre se involucra de manera
plena; no solo mira hacia el exterior, hacia la obra o el producto, sino que
mira también hacia el interior, hacia sí mismo; en el trabajo hay una dimensión
objetiva y una dimensión subjetiva.
Ø
La dimensión objetiva: incluye todo aquello que el trabajo crea y objetiva
fuera del interior de la persona. El trabajo transforma el mundo gracias a la
técnica y más recientemente a su forma más moderna: la tecnología. El hombre despliega
de manera cada vez más fascinante y poderosa una capacidad inmensa de
humanización, transformación y dominio del mundo que conlleva, como
contrapartida, una capacidad similar de destrucción y aniquilación. Una segunda
dimensión objetiva del trabajo es su capacidad de producción de riqueza y
bienestar que se ha ido multiplicando con el paso de los siglos y por ultimo
está su capacidad de configuración social. El trabajo no solo es importante
para la sociedad por los bienes que produce, sino que es el elemento principal
en torno al cual se constituye la sociedad y las personas se posicionan unas en
relación a otras.
Ø
La dimensión subjetiva: surge del carácter autorreferencial que tienen
todas las acciones. Al trabajar el hombre no solo modifica la naturaleza o la
sociedad, sino que se modifica a sí mismo. “El trabajo es un bien del hombre,
es un bien de su humanidad, porque mediante el trabajo el hombre no transforma
solo la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a
sí mismo como hombre y, en un cierto sentido, se hace más hombre”. El trabajo
como ejercicio de libertad y de creatividad, como medio de autorrealización, ya
que al producir y al crear el hombre se autorrealiza porque despliega y ejecuta
sus posibilidades y sus capacidades, es decir lleva a término de modo
satisfactorio lo que hemos denominado autorrealización existencial. Además, el
trabajo presenta dimensiones morales y de forja de la personalidad. Un trabajo
bien realizado contribuye, a la segunda dimensión por la que la persona se
autorrealiza a través de la libertad: la ética.
Para concluir daremos dos
indicaciones sobre la relación entre la dimensión subjetiva y objetiva del
trabajo. La primera consiste en afirmar la primacía de la dimensión la primacía de la dimensión subjetiva sobre la
objetiva que, fundamentalmente es un correlato de la primacía del hombre sus
obras. Por muy importantes y asombrosas que puedan ser las objetivaciones que
adopta el trabajo, el sujeto del que surgen y que las ha llevado a cabo es
siempre más importante; la segunda cuestión, que la dimensión objetiva no sea
importante ni que sea meramente material, en la obra realizada, en el fruto del
trabajo está el hombre: el esfuerzo de su mente y de sus brazos, sus ilusiones,
sus creencias y sus esperanzas. Por eso es muy importante establecer una
relación adecuada y armónica entre el hombre y los aspectos objetivos de su
trabajo ya que, de no lograrse, las consecuencias para la persona serian
desastrosas.






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